La acelerada crecida del río Paraná encendió todas las alarmas en la región. Las proyecciones meteorológicas e hidrológicas indican que la subida del caudal amaga con extenderse durante los próximos meses, golpeando de lleno a toda la economía costera de la región.
La principal incertidumbre gira en torno a la disponibilidad de playas para el verano en las distintas localidades ribereñas. Desde las comunas y municipios advierten que, de subir aún más los niveles del agua, gran parte de los balnearios, campings y espacios recreativos de la costa podrían qudar inhabilitados o severamente reducidos.
Esta situación no solo complica la infraestructura local, sino que pone en jaque el movimiento de la temporada alta en toda la franja fluvial. Paradores, prestadores de excursiones, gastronómicos y comercios de cercanía, que dependen directamente de la llegada de turistas y visitantes de fin de semana, ven peligrar sus ingresos en un momento clave del año.
Por lo pronto, los distintos gobiernos locales y provinciales mantienen un monitoreo constante del comportamiento de la cuenca para evaluar los pasos a seguir, coordinar medidas de contingencia y resguardar a las comunidades ribereñas.


